Aceites sintéticos vs. minerales: ventajas, usos y mitos

En este artículo exploramos cómo una lubricación deficiente impacta directamente las finanzas de una operación industrial y cómo prevenirlo con buenas prácticas.

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En el entorno industrial, donde la productividad y la eficiencia son esenciales, los sistemas mecánicos deben operar al máximo rendimiento para garantizar la continuidad del negocio. Sin embargo, uno de los errores más comunes —y costosos— es subestimar la importancia de una lubricación adecuada. Una mala lubricación puede parecer un detalle menor, pero en la práctica, representa un punto crítico que puede desencadenar fallas prematuras, paradas no programadas y un considerable aumento en los costos de mantenimiento.

¿Qué se considera una mala lubricación?

No se trata solo de no aplicar lubricante. Una lubricación ineficaz puede deberse a muchos factores, entre ellos:

  • Selección inadecuada del producto, utilizando lubricantes no diseñados para la aplicación específica.
  • Cantidad incorrecta: tanto el exceso como la falta de lubricante son perjudiciales.
  • Intervalos de relubricación mal definidos, que no consideran condiciones reales de operación.
  • Contaminación del lubricante por agua, polvo, combustible o residuos metálicos.
  • Almacenamiento y manipulación inadecuada, que deterioran las propiedades del producto antes de su uso.
  • Falta de capacitación del personal, lo que lleva a errores en la aplicación y seguimiento.

Estos errores afectan no solo el rendimiento del lubricante, sino la integridad del sistema mecánico en su conjunto.

¿Cómo prevenirlo? Buenas prácticas recomendadas

Una lubricación deficiente genera una cadena de fallos progresivos que impactan directamente en el presupuesto de mantenimiento. Los principales efectos son:

  1. Desgaste prematuro de componentes
Rodamientos, ejes, engranajes, válvulas y otros elementos móviles sufren mayor fricción y fatiga cuando no se lubrican correctamente. Esto implica una sustitución más frecuente de partes críticas.
  2. Paradas no programadas
La falta de un plan de lubricación adecuado puede causar fallas inesperadas, que detienen la operación y afectan toda la cadena productiva. Estas interrupciones cuestan tiempo, dinero y credibilidad ante los clientes.
  3. Aumento del consumo energético
Cuando los componentes trabajan con mayor fricción, se requiere más energía para realizar el mismo trabajo. Esto puede representar entre un 5% y un 20% de aumento en consumo energético en equipos críticos.
  4. Incremento en el consumo de lubricante
El uso incorrecto o excesivo del producto genera más gastos de reposición, sin lograr los beneficios esperados.
  5. Costos ambientales y legales
Derrames, residuos mal gestionados o el uso de productos no certificados pueden generar sanciones legales y daños a la reputación de la empresa.

¿Cómo prevenirlo? Buenas prácticas recomendadas

Para evitar estos errores y optimizar la gestión de activos, es fundamental implementar una estrategia de lubricación efectiva. Aquí algunas recomendaciones clave:

  • Diagnóstico técnico por aplicación antes de elegir el lubricante.
  • Plan de lubricación detallado, adaptado a las condiciones reales de operación.
  • Monitoreo de condición del lubricante mediante análisis de laboratorio.
  • Capacitación periódica al personal encargado de mantenimiento.
  • Uso de lubricantes certificados y homologados.
  • Gestión adecuada de inventario y almacenamiento de productos.

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